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Reflexiones para la Venezuela posible - Aquí Venezuela
Sur de Florida -

Reflexiones para la Venezuela posible

victormedina

 

Víctor José Medina Silva
Médico venezolano


“Con la participación de todos, cualquier sueño es posible” Venezuela, tierra mía, fértil suelo de cantores, camino de mi alegría, de turpial, cuatro y amores… Venezuela, Venezuela.

Desde el otoño existencial que me habita, puedo usar algunas primaveras y veranos para enhebrar reflexiones que pudieran ser de utilidad para el devenir de muchos jóvenes -que las puedan leer ahora- y así poseer más herramientas para participar en la construcción de un sueño posible: la Venezuela que merecemos.

Que no importa donde estés viviendo ahora ni cuales sean tus criterios e ideales sobre aspectos diversos de la vida porque justamente la gran fortaleza de una sociedad radica en la diversidad en convivencia trabajando mancomunadamente para el triunfo colectivo.

Debemos y tenemos que priorizar la justicia social porque allí radica la esencia de nuestros males comunitarios y eso les da oportunidades a los zorros y camaleones para pescar posibilidades de conquistar el poder e imponer cualquier modelo de sociedad que favorezca apetencias personales o grupales.

En nuestra Venezuela –a mi forma de ver las cosas- con toda su historia de arribismos y viveza, ha habido civiles y militares que, a punta de liderazgos sobre todo carismáticos, han hecho y deshecho las expectativas de un país maravilloso contentivo de todos los recursos materiales, morales, intelectuales, espirituales y naturales que lo califican como auténtico paraíso terrenal.

Es imposible hallar un venezolano que “no lleve la luz y el aroma en la piel ni el cuatro en el corazón” pues el solo hecho de nacer en un país que cuenta con tan variados y extraordinarios espacios geográficos le dan condición de afortunados y sin distingos a todos los venezolanos.

Nací en el año 1947 y en todos estos años he sido testigo del devenir de la Venezuela de buena parte del siglo veinte y por supuesto de los años que discurren del veintiuno. Como cualquier coterráneo contemporáneo dispongo de un conocimiento -en vivo, directo y sin vía satélite- del acontecer de una patria orgullosa de ser libertaria.

Una infancia bajo el perezjimenismo, una adolescencia de cabezacaliente y rebeldía, una juventud universitaria polifacética junto a una adultez activa y participativa, le dan peso valioso a mis experiencias personales y colectivas.

De allí que pueden leerme con el beneficio –aparte del disfrute de hacerlo- de recibir mensajes llenos de una sabiduría avalada por la experiencia vital que hoy goza de la bendita condición del abuelazgo.

Entiendo que a mucha gente no le gusta leer (cosa que para mí es un gran desacierto) y se pierden el incrementar sus conocimientos, aunque gracias a Dios existe Internet y eso es una gran posibilidad para recibir información. Les sugiero ser selectivos en lo que aceptan y usar el libre albedrío para guardar en la memoria a largo plazo lo que consideren más conveniente.

Todos estos largos años de lo que se conoce como Quinta República signada por el proceso chavista ha sido una etapa aleccionadora e interesante pues nos ha enseñado lo duro y desacertado del prevalecer de pasiones y resentimientos en una sociedad. Cabe reconocer la prevalencia de acciones destinadas a resarcir con beneficios materiales a un vasto sector de venezolanos marginados y sufrientes de exclusión social, pero con velados fines politiqueros, una descarada corruptela junto a ambiciones personales y grupales desatadas que dilapidaron grandísimos recursos vitales para el florecimiento y enaltecimiento de la Venezuela que hemos anhelado desde siempre.

A todas luces un saqueo grotesco de la riqueza de todos en beneficio de unos pocos.

Pero, Venezuela sigue con sus posibilidades enormes, con su invaluable riqueza material y espiritual y sigue bonita como siempre, generosa como siempre, chistosa como siempre y solidaria como siempre. Es que la esencia de este paraíso es algo que nada ni nadie podrá afectar pues es un regalo de Dios.

Bendita seas Venezuela y bendita sean tus posibilidades de resurgir. Aunque no se crea esta cruel y dolorosa lección quintarrepublicana debo afirmar (ojalá) que ya la hemos aprendido.

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