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PROHIBIDO OLVIDAR/ “No hay nada peor para un preso político que el olvido”, lo dice Villca Fernández tras un año en Perú

Una vida que gira–

A inicios del 2016, Villca estuvo a punto de ser capturado. Días después, Diosdado Cabello, el segundo hombre fuerte del régimen de Maduro, dijo en televisión nacional que si los policías de Mérida no eran capaces de detenerlo, lo haría él mismo. Villcarespondió con un tuit: “Tienes muchas cuentas pendientes con la justicia. No te tengo miedo”. Era el 31 de enero. Pocas horas después, fue apresado.

Villca Fernández

Al llegar al aeropuerto Jorge Chávez, fue recibido como un héroe por otros activistas venezolanos. Para él, alejarse de su país era solo otro capítulo del drama. (Foto: Twitter)

Estuvo en el Helicoide, un espacio pensado para ser un centro comercial de lujo en Caracas y que ahora funciona –cruel metáfora– como centro de reclusión de presos comunes y prisioneros políticos. En este lugar, Villca fue sometido a vejámenes, golpes, torturas, aislamientos. En mayo del 2018, hubo un motín del cual fue partícipe, y el gobierno tomó un medida aun más drástica: desterrarlo. ¿Adónde? Al Perú.

Jorge, su padre, recuerda aquellos días de emociones encontradas, atropelladas incluso. Venía al Perú pero no de visita, sino para organizar la nueva vida de su hijo deportado. Estaba Villca libre, pero lejos de su país. Llegaron en un vuelo comercial el 15 de junio del 2018; todos en el país se alistaban para ver, al día siguiente, el primer partido de la selección en el Mundial de Rusia y nada más importaba. Villca fue recibido como un héroe en el aeropuerto, pero horas antes había dicho a una radio de su país: “A los venezolanos les digo que me voy con el corazón arrugado”.

Villca Fernández

Esta foto fue difundida por Villca en julio del 2018, un mes después de su deportación al Perú. Muestra las condiciones que padeció durante su encierro. (Foto: Twitter)

Ha transcurrido un tiempo, algunas cosas han cambiado, otras no. “No hay nada peor para un preso político que el olvido”, advierte Villca, que ahora vende hamburguesas en San Juan de Miraflores. Mantiene su activismo de manera constante por redes sociales, continúa dialogando y apoyando a lo que él llama “la resistencia” en su país. Incluso ha realizado visitas al Vaticano y, se sabe, ha conversado con emisarios del papa Francisco sobre la crisis. “Estoy yendo adonde puedo ir”, dice. Pero adonde más quiere ir, apenas sea el momento adecuado, es a Venezuela, que no será un refugio sino su destino final. 

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